lunes, 7 de octubre de 2013

5

Ahora comprendo de verdad, ahora entiendo eso que una vez leí de ti y de mi. Eso que pensaba que entendía, estaba equivocada, pero ahora si, ya entendí.
Ahora vuelvo a sentir lo gris del frió, hasta en días soleados. Ha nacido en mi otra vez, más fuerte que ayer. Por las noches lleno mi cabeza de lectura hasta agotarla. No quiero darle tiempo para que piense.
Por las mañanas, mi cuerpo siente la inmovilidad que deja el frío y, la mente es un vértigo.
Cargó todo el día la presión del corazón en el pecho y a veces, en la tarde, mis latidos lo perforan, mis latidos retruenan con mayor fuerza y rapidez en la garganta. Mi corazón da una tormenta cabreada. No quiere dejar de recordar la fragilidad de esta vida.

Nos perdimos. Sin hablarlo ni pensarlo nos perdimos. Y aunque sola me dejaste, menos mal.

 Me dejaste, con el miedo de no encajar en este mundo, o lo que es peor, encajar y no soportarlo... A no encontrarme jamás entre tanto barullo, a ser mayor y no saber cuadrarlo, no estar a mi altura. Y que nadie me escuche o mi miedo se alimentara del drama.