viernes, 6 de diciembre de 2013

10

"Aquella tarde, al decirle
que me alejaba del pueblo,
me miró triste, muy triste,
vagamente sonriendo.
Me dijo: ¿por  qué te vas?
Le dije: porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.
-¿Por qué te vas? –He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.
Y me dijo: ¿a dónde vas?
Y le dije: a donde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mí tantos luceros.
La pobre hundió su mirada
allá en los valles desiertos
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo."

Juan Ramón Jimenez

domingo, 3 de noviembre de 2013

7

Cada vez hay menos estancia en mi cabeza para esas ideas asfixiantes de fobias claustrofobicas con el mundo y la existencia. Recuerdo cuando las tenia como sentía que en cualquier momento podía enloquecer por cualquier cosa banal. Me ponía nerviosa escucharme los latidos del corazón, daba la sensación de que me iba a explotar. Al incorporarme sentía el desvanecimiento de todo mi cuerpo. Como si alguien rompiera mis hombros. Como si alguien rompiera todo lo que sostenía mi cabeza. Entonces mi cuerpo no podía sostenerse por si sólo. Cualquier idea banal o pasajera en mi cabeza se estancaba y radicalizaba haciendo urgente la respiración profunda. Y contaba hasta seis con los dedos de la mano mientras inhalaba, y luego seguía contando con mis dedos hasta tres aguantando el aire en los pulmones, y luego volvía a contar hasta seis exhalando, y contaba otra vez hasta tres pero aguantando los pulmones vacios de aire. Y lo repetia tres veces: 6-3-6-3-6-3-6-3-6-3-6-3. O incluso estaba una hora haciendo la repitición de esa respiración. ¿Os imaginais todos los 6-3-6-3, el calentamiento de mis dedos de no parar de contar?

Aún puedo sentir la dureza y tremenda presión de dichas ideas y pensamientos. Aún sufro momentos pasajeros con el miedo a enloquecer. Con el miedo a vivir en la locura y que esta me deje incapacitada, incapaz e inútil para todo, incluso para estar en mi casa con mi familia. A veces aun sufro momentos pasajeros en los que siento una inmovilidad corporal y ese desvanecimiento (describido anteriormente) estando de pie. Aun hay momentos en los que mi mente piensa y deja tetrapléjico mi cuerpo e inútil mi cabeza. Aun hay días en los que mi cabeza pesa como una garrafa de agua de seis litros. 

Sí, hay momentos pasajeros que sufro dichas ideas y pensamientos asfixiantes del principio y sufro algunos vértigos.Y en algunas noches en la cama siguen actuando como antes. Como si alguien desde fuera hiciera presión contra mi pecho izquierdo con una estaca de madera, una continua presión que se acentúa al inhalar y solo se afloja al exhalar La sensación de tener el corazón y la vida entre la espada y la pared.

 La vida bloqueada por un miedo irreal. Maldita ansiedad. Pero cada vez menos. Risa histérica. 




lunes, 7 de octubre de 2013

5

Ahora comprendo de verdad, ahora entiendo eso que una vez leí de ti y de mi. Eso que pensaba que entendía, estaba equivocada, pero ahora si, ya entendí.
Ahora vuelvo a sentir lo gris del frió, hasta en días soleados. Ha nacido en mi otra vez, más fuerte que ayer. Por las noches lleno mi cabeza de lectura hasta agotarla. No quiero darle tiempo para que piense.
Por las mañanas, mi cuerpo siente la inmovilidad que deja el frío y, la mente es un vértigo.
Cargó todo el día la presión del corazón en el pecho y a veces, en la tarde, mis latidos lo perforan, mis latidos retruenan con mayor fuerza y rapidez en la garganta. Mi corazón da una tormenta cabreada. No quiere dejar de recordar la fragilidad de esta vida.

Nos perdimos. Sin hablarlo ni pensarlo nos perdimos. Y aunque sola me dejaste, menos mal.

 Me dejaste, con el miedo de no encajar en este mundo, o lo que es peor, encajar y no soportarlo... A no encontrarme jamás entre tanto barullo, a ser mayor y no saber cuadrarlo, no estar a mi altura. Y que nadie me escuche o mi miedo se alimentara del drama.